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Figura Potencial

Lejos del retiro
José Narro Robles
Académico, médico y político mexicano.
Con mas de una docena de doctorados honoris causa, ha sido también presidente de la Fundación Siglo XXI, secretario de salud y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • ¿Cuáles fueron sus motivaciones para participar en el proceso de elección de la dirigencia del PRI para el cuatrienio 2019-2023?

Soy uno de los muchos que tienen una preocupación por la marcha del país. Estoy convencido de que México no va bien. Me inquietan, entre muchos otros, el riesgo de autoritarismo, la amenaza del regreso a la centralización, la falta de equilibrios entre los poderes públicos, el consecuente debilitamiento de la democracia en el país y la debilidad de las oposiciones. Considero que nuestra democracia requiere del fortalecimiento del sistema de partidos políticos y pensé que desde el PRI podía contribuir a atender las dificultades a las que he hecho referencia.

  • Durante el proceso, de forma reiterada, usted señaló que el PRI tenía problemas y que uno de ellos era la simulación, ¿sigue pensando eso?

Efectivamente, en muchas oportunidades señalé que la simulación es uno de los problemas que aquejan al PRI. Me referí también, entre otros, a los excesos, a la falta de democracia interna, al desapego de las causas que dieron lustre al partido y al distanciamiento de la dirigencia con lo mejor del PRI: su militancia. Hoy confirmo que la simulación es uno de sus males mayores y que el proceso de elección en marcha no es sino una mascarada, la mayor simulación de la historia del partido.

  • Al inicio del proceso se le acusó de ser el candidato de la cúpula del PRI, en particular del ex presidente Enrique Peña Nieto. Usted lo negó repetidamente. ¿Lo sigue sosteniendo?

Es verdad que esa fue una acusación sembrada sin ningún fundamento. Sistemáticamente sostuve y lo hago de nueva cuenta, que yo no era el candidato de Enrique Peña Nieto, pero tampoco el de Andrés Manuel López Obrador. Los echos me han dado la razón y ahora sabemos que el candidato de ellos dos es Alejandro Moreno, conocido como “Alito”.

  • Al respecto me interesa preguntarle ¿en qué fundamenta su denuncia de intervención de ellos y su grupo en el proceso?

Existen numerosos indicios al respecto. Ahí están las filtraciones de una reunión sostenida en Palacio Nacional con los gobernadores que no fueron desmentidas; también la injerencia de personas cercanas al Presidente de la República en el proceso; igualmente el diametral cambio de actitud de quién criticaba duramente en la campaña presidencial al gobernador de Campeche a quien incluso llegó a acusar de corrupción, pero a quien se designó con beneplácito como presidente de la CONAGO y al que, además, se le facilitó la licencia para separarse de su encargo sin dificultad alguna. Pero si eso no fuera suficiente, está el dicho de Alito que entre muchos, a mí me refirió: “ya me arreglé con López Obrador”. Por lo que toca al caso de Peña Nieto, se pueden señalar la actitud del gobernador del Estado de México y de otros de los gobernadores priistas, al igual que la participación de más de media docena de colaboradores cercanos a él en favor de Alito. En todos estos casos, mucho antes del inicio formal del proceso marcado por la emisión de la convocatoria. Todo lo anterior complementado por los reiterados señalamientos de otros aspirantes, al igual que por la percepción extendida entre muchos priistas.

  • Por lo que toca al caso de los gobernadores del PRI, ¿podría dar su opinión respecto de la determinación que tomaron de apoyar al gobernador de Campeche?

Simplemente diría que me parece que fue una mala decisión en todo sentido. Habría que recordar que tuvieron una reunión en Toluca el 27 de mayo, a la que asistieron once de los doce gobernadores. Ahí acordaron, fuera de los tiempos y del mínimo cuidado de las formas, sumarse al proyecto de Alito. A mí me

convocaron en esa fecha por la noche para comunicarme su determinación, que dejó en claro que había un candidato oficial, un candidato de la cúpula y que además se regresaba, una vez más, a tratar de imponer la línea a la militancia.

¡No había convocatoria y ya teníamos la decisión! Este es un elemento más de un proceso simulado y de la mala lectura que se ha hecho de lo que afecta al partido y de lo que requiere el mismo. Esta es una muestra de la nula conducción del proceso por el Comité Ejecutivo Nacional y por su presidenta.

  • ¿Fue esa la razón de su declinación a participar en el proceso y de su renuncia al partido?

En realidad fue una de ellas. Otras ya quedaron señaladas y falta incluir por supuesto el haber aceptado que la elección se realice con un padrón lleno de inconsistencias y además “copeteado” con cientos de miles de “nuevos priistas” afiliados entre marzo y mayo, que posibilitaron que el padrón de Coahuila prácticamente se triplicara, que el de la Ciudad de México casi se duplicara y que aumentaran sustancialmente los padrones de Campeche y Oaxaca. Las cuatro entidades manejadas por cómplices de Alito o por él mismo. Una simulación más.

¡Como si hubiera en el país un fervor por pertenecer al partido, como si se hubiera registrado una epidemia de priismo!

  • Antes de decidir participar, ¿sabía de los problemas y defectos del partido a los que usted ha hecho referencia? Y en su caso ¿con todo y eso aceptó participar?

Debo reconocer que sabía que el partido tenía problemas. En parte por eso decidí participar. La verdad no me resultaban desconocidos. Sabía que había excesos, simulación, traiciones, corrupción, y otros problemas parecidos que son absolutamente reprobables. Sin embargo, pensé que un perfil como el mío, que una hoja de vida como la que tengo, podía ayudar a resolverlos o al menos a mejorar sustancialmente esas condiciones. Pensaba que por supuesto el partido tenía arreglo y que, en todo caso, eran algunos priistas quienes no tenían remedio. Sin embargo, lo que desconocía, lo que de verdad me impresionó, fue reconocer la magnitud, la profundidad y el alcance de esas anomalías. El problema dejó de ser cualitativo, lo que de suyo era muy grave y pasó a ser cuantitativo, en una dimensión que me dejó realmente consternado. Todo ello me llevó a tomar la decisión de renunciar a una militancia de 46 años. Lo hice por congruencia. No podía pertenecer a un instituto que tenía características tan distintas a las que encontré cuando ingresé y Jesús Reyes Heroles era el presidente, tan diferentes a las del PRI de Colosio, tan dispares a las del partido que necesita México.

  • ¿Qué opinión le merece Alejandro Moreno?

Debo decir que lamento que sea el ungido para dirigir al PRI. No tiene la calidad moral para conducirlo, no cuenta con la capacidad intelectual para hacerlo y carece en absoluto de los atributos requeridos para representar al partido de Lázaro Cardenas, de Griselda Álvarez, de José Francisco Ruíz Massieu o de María Lavalle. Su triunfo solo traerá la sumisión del partido al gobierno federal y aumentará la amenaza de su desaparición, además de que será fuente de vergüenza para la militancia, en buena parte por el manejo indebido de recursos públicos y la muestra de enriquecimiento inexplicable que se ha hecho pública.

  • A la distancia de un mes desde su renuncia, ¿no se arrepiente de su decisión?

¡No! Por supuesto que no. Debo decir que no fue una decisión sencilla, pero estoy seguro de que actué como debía hacerlo. No tengo nada de que arrepentirme.

  • ¿Con qué se queda de esta experiencia que para usted no fue exitosa?

Con todo lo positivo. Con mis convicciones; con el reconocimiento y agradecimiento a mucha gente que me ayudó; con el respeto que se reforzó para un político extraordinario; con un mayor conocimiento de lo que debe y no debe ser la política; con la certeza de que México saldrá adelante; con el afecto y apoyo de los verdaderos amigos. Al respecto, un compañero me compartió un proverbio que dice: “Los amigos se cuentan dos veces. En las buenas para ver cuántos son y en las malas para ver cuántos quedan”. Es cierto que la experiencia no tuvo el resultado al que yo aspiraba. Sin embargo, lo único que puedo decir es que al volver a contar a mis amigos puedo asegurar que soy acaudalado en ese sentido y en afecto. Tengo la tranquilidad de haber hecho todo el tiempo lo que me dictó mi conciencia y de no haberme distanciado de mis valores y principios.

  • ¿Seguirá en el ámbito de lo público o pasará al retiro?

Debo decir que estoy lejos del retiro. Tengo muchas cosas que hacer, muchas causas por las que debo luchar, muchas razones para tratar de aportar a nuestro país. Seguiré en el escenario público y pronto daré a conocer mis proyectos.

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