Por el Dr. Jorge Navarro Lucio*
México enfrenta una compleja coyuntura demográfica que plantea grandes retos para su desarrollo económico y social. Cada año, un número considerable de jóvenes se integra a la fuerza laboral, mientras la población de adultos mayores crece de manera sostenida, impulsando demandas tanto en generación de empleos como en pensiones y servicios de bienestar.
Incorporación a la fuerza laboral y crecimiento económico
La población económicamente activa (PEA) en México fue de más de 80 millones de personas de 15 años o más. No obstante, no todos los jóvenes que cumplen 15 o 18 años entran inmediatamente a la fuerza laboral; muchos siguen estudiando o no buscan empleo activamente, lo que reduce el número real de nuevos trabajadores en un periodo corto. Por otra parte, la edad mínima de 15 años para considerarse parte de la fuerza laboral es conforme a estándares internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que permiten trabajar a partir de esa edad siempre que no afecte la educación obligatoria ni se realicen trabajos peligrosos.
Cada año, alrededor de 1.5 a 1.7 millones de mexicanos cumplen 18 años, edad clave para la incorporación plena al mercado laboral o a estudios superiores. Otro dato importante que proporciona el INEGI es que el grupo de edad entre 18 y 65 años, correspondiente a la población adulta en edad productiva, que representa cerca del 60% de la población total de 133 millones de habitantes.

Esto se traduce en un rango aproximado de entre 79 a 80 millones de personas en México que tienen entre 18 y 65 años de edad. Este grupo es clave para el mercado laboral y la economía del país, pues es la base principal de la fuerza laboral y de la generación de ingresos.
Según datos recientes del INEGI para el primer trimestre de 2026, la población económicamente activa en México, que no incluye a la población desocupada y a la que estudia, fue de aproximadamente 61 millones de personas. De esta población ocupada, alrededor del 54.8% está en empleos informales, lo que equivale a cerca de 32.6 millones de personas. Por otro lado, el empleo formal representa el 45.2% restante, con aproximadamente 26.8 millones de personas en empleos formales.
Estos porcentajes aplican a la población en edad productiva, que generalmente se considera entre 18 y 65 años. Así que, en términos de millones, cerca de 26.8 millones tienen empleo formal y alrededor de 32.6 millones están en empleo informal en México en 2026.
Para absorber a la fuerza de trabajo desocupada y a quienes están en el empleo informal en edad productiva, México necesita un crecimiento económico sostenido.

El «Plan México», estrategia oficial de desarrollo económico, plantea hipotéticamente, crear 1.5 millones de empleos en sectores estratégicos de manufactura, la cual deberá ser de baja productividad. Estudios muestran que un crecimiento del PIB cercano al 2% generaría cerca de 243 mil empleos formales en un semestre, pero para alcanzar la meta anual de 1.5 millones, se requiere un crecimiento más vigoroso, probablemente superior al 3-4% anual, sin contabilizar en este incremento a la inversión altamente productiva que impulsa el monto total del crecimiento económico, pero genera pocos empleos.
Por lo que hay que hacer un paréntesis en el análisis, porque puede haber un crecimiento económico por un incremento sustancial de las inversiones productivas tanto provenientes del exterior como las nacionales, es decir las de mayor valor productivo aunque cuantitativamente superiores en valor por su sofisticado nivel de desarrollo tecnológico, pero crean pocos empleos directos. Los datos sugieren que el monto total de inversión extranjera directa en la industria de semiconductores y chips supera los 10,000 millones de dólares. Sin embargo, el número real de empleos directos que crea es mucho menor rondando los 700 puestos de trabajo. Esto se debe a que la manufactura de semiconductores y chips es altamente automatizada y requiere menos mano de obra directa que la industria automotriz tradicional.
Por lo tanto, el contraste entre la industria automotriz y la de semiconductores en México es doble. Por un lado, la industria automotriz ha perdido más de 100,000 empleos formales en dos años, mientras que el sector de semiconductores, con inversiones superiores a 10,000 millones de dólares, genera alrededor de 700 empleos directos. Aunque la inversión en tecnología avanzada es mucho mayor y tiene un impacto estratégico a largo plazo, en términos de empleo directo sigue siendo la industria automotriz la más intensiva en mano de obra. Esta diferencia refleja la transformación económica y política mundial, particularmente desde que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump impulsó una política de aranceles a la industria automotriz mexicana y a los chips provenientes de China. Lo cual generó un cambio en la estructura de las inversiones productivas hacia México hacia las de mayor valor agregado, pero de menor creación de empleo manufacturero.
Además, obligando a México a mejorar el nivel productivo de su fuerza laboral, lo cual no ha podido aún lograr, así como mejorar la inversión en infraestructura en energía eléctrica, lo cual también es una agenda pendiente.

Envejecimiento poblacional y pensiones del bienestar
Paralelamente, la población de adultos mayores (65 años o más) en México ha alcanzado aproximadamente 17 millones en 2026, lo que representa un 12.8% de la población total. Esta tendencia al envejecimiento continuará, con mayores demandas en salud, servicios sociales y pensiones.
En la primera mitad de 2026, el gasto público en pensiones alcanzó 831,734.6 millones de pesos, superando ya lo erogado en todo 2018, cuando aún estaba por debajo de los 800 mil millones de pesos. Este gasto absorbió 17.12 pesos de cada 100 del gasto público en 2026, comparado con 14.18 pesos en 2018.
Aunque el gobierno busca reducir la brecha entre gastos e ingresos, las pensiones son un gasto obligatorio y no pueden fácilmente ajustarse o incluso modificar las reglamentaciones actuales, lo que presiona las finanzas públicas. Hacienda reconoce que el envejecimiento poblacional incrementará el gasto en pensiones a largo plazo debido a menos trabajadores activos por pensionado.
El gasto en pensiones en el primer semestre de 2026 creció 2.7% real respecto al mismo periodo de 2025, cuando fue de 778,201.5 millones. Además, el gasto en pensiones contributivas es 289.7% mayor que el gasto en el programa “Consolidación de una sociedad de cuidados”, que llegó a 213,421.9 millones al cierre de junio.
Para fin de año, se proyecta que las pensiones absorberán 1.704 billones de pesos, más del doble y medio de lo que representaban en 2016, reflejando la creciente presión fiscal por la dinámica demográfica que reduce la base contributiva y aumenta la demanda social.

Retos y perspectivas
México debe enfrentar simultáneamente el reto de generar suficientes empleos formales para integrar a millones de jóvenes que cada año cumplen la mayoría de edad, y al mismo tiempo garantizar pensiones dignas y servicios adecuados para una población adulta mayor creciente.
Esto implica impulsar un crecimiento económico robusto y sostenible, mejorar la productividad laboral, fomentar la formalidad en el empleo y optimizar el gasto público en bienestar social. Además, será clave diseñar políticas integrales que atiendan la salud, educación, inclusión financiera y social de todas las generaciones.
La sincronía entre crecimiento económico, generación de empleo y sostenibilidad de las pensiones será determinante para que México transforme sus retos demográficos en oportunidades de desarrollo equitativo y duradero.

*El Dr. Jorge Navarro Lucio, fue miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano, ha sido corresponsal internacional, analista en asuntos nacionales e internacionales, con estudios en varias universidades de México, Estados Unidos, Europa y Asia.


