Potencial Humano

Bienestar psicológico en las empresas mexicanas: una deuda impostergable con las personas trabajadoras

Ignorar el bienestar psicológico no solo es éticamente cuestionable, también es estratégicamente costoso.

Salud mental, productividad y dignidad humana en el entorno laboral de México

Hablar del bienestar psicológico de las personas trabajadoras en México no es una moda ni un lujo corporativo; es una necesidad urgente. En mi práctica clínica y organizacional he observado, una y otra vez, cómo el trabajo —que debería ser una fuente de identidad, estabilidad y crecimiento— se ha convertido para muchos en un espacio de desgaste emocional, ansiedad crónica y silencioso sufrimiento.

México es un país profundamente trabajador. De acuerdo con distintos organismos internacionales, seguimos siendo una de las naciones con jornadas laborales más largas, pero con niveles de productividad que no siempre corresponden a ese esfuerzo. Esta paradoja tiene una explicación clara: no se puede sostener un desempeño saludable cuando la mente está agotada.

El bienestar psicológico en las empresas no se limita a evitar enfermedades mentales; implica crear condiciones donde las personas puedan sentirse seguras, valoradas, escuchadas y capaces de desarrollarse sin sacrificar su salud emocional. Este artículo busca reflexionar sobre ese desafío desde una perspectiva profesional, humana y profundamente mexicana.

Desde la psicología, el bienestar psicológico va mucho más allá de “sentirse bien”. Involucra dimensiones fundamentales como el sentido de propósito, la autonomía, la calidad de las relaciones laborales, el reconocimiento, el equilibrio entre la vida personal y el trabajo, así como la capacidad de manejar el estrés y la incertidumbre.

En el contexto laboral, el bienestar psicológico se construye cuando las personas sienten que su trabajo tiene sentido, que no son fácilmente descartables, que su voz importa y que su dignidad no está condicionada únicamente a resultados inmediatos.

En México, sin embargo, persiste una cultura laboral que normaliza el agotamiento, glorifica el sacrificio extremo y minimiza el impacto emocional del trabajo. Frases como “así es aquí”, “el que aguanta, aguanta” o “dale gracias a Dios que tienes empleo” continúan justificando dinámicas profundamente dañinas para la salud mental.

Ansiedad, depresión, estrés crónico y burnout son hoy algunas de las principales afectaciones psicológicas en el ámbito laboral. No obstante, en muchas empresas mexicanas estos temas siguen tratándose con silencio, estigma o superficialidad.

El trabajador promedio suele enfrentar altas cargas de trabajo, ambigüedad en sus funciones, liderazgos autoritarios o ausentes, escaso reconocimiento, inseguridad laboral y pocas oportunidades de desarrollo. A este escenario se suma un contexto social complejo marcado por presiones económicas, inseguridad y responsabilidades familiares extensas, así como un acceso limitado a atención psicológica profesional.

El resultado es un colaborador que funciona, pero no necesariamente está bien. Cumple con sus responsabilidades, pero se siente vacío. Produce resultados, pero está emocionalmente agotado.

Desde una perspectiva organizacional, ignorar el bienestar psicológico no solo es éticamente cuestionable, también es estratégicamente costoso. El malestar emocional se traduce en ausentismo, rotación constante de personal, bajo compromiso, conflictos interpersonales, errores frecuentes y una notoria falta de innovación.

Contrario a lo que aún creen algunos líderes, presionar más no mejora el rendimiento cuando la mente ya está saturada. El miedo puede generar obediencia momentánea, pero nunca compromiso genuino. Las empresas mexicanas que siguen operando desde modelos rígidos, verticales y deshumanizados están perdiendo talento, reputación y viabilidad a largo plazo.

No se puede hablar de bienestar laboral sin hablar de liderazgo. En la práctica profesional, el jefe inmediato suele ser uno de los principales factores de protección o de riesgo para la salud mental de un trabajador.

Un liderazgo psicológicamente saludable se caracteriza por una comunicación clara y respetuosa, la capacidad de escucha, la retroalimentación constructiva, la coherencia entre el discurso y las acciones, así como la sensibilidad ante las cargas emocionales del equipo.

En México aún persiste la figura del líder autoritario que confunde control con respeto y dureza con eficacia. Este estilo no solo deteriora el clima laboral, también reproduce dinámicas de miedo, silencio y desgaste emocional. Formar líderes con inteligencia emocional ya no es opcional; es una condición básica para cualquier empresa que aspire a ser humana y competitiva.

La NOM-035: un avance necesario, pero insuficiente

La implementación de la NOM-035 marcó un punto de inflexión al reconocer oficialmente los riesgos psicosociales en el trabajo. Sin embargo, en muchas organizaciones su aplicación se ha reducido a un trámite administrativo, encuestas apresuradas o acciones meramente cosméticas.

El bienestar psicológico no se resuelve con formatos, sino con cambios reales en la cultura organizacional. Si después de evaluar riesgos no se modifican las cargas de trabajo, los estilos de liderazgo o las condiciones laborales, el impacto será mínimo. La norma debe entenderse como un punto de partida, no como una solución en sí misma.

Una empresa emocionalmente responsable es aquella que entiende que sus colaboradores no son recursos, sino personas con historia, emociones y límites. Implica ofrecer programas reales de apoyo psicológico, políticas claras de desconexión digital, esquemas de flexibilidad cuando sea posible y espacios seguros donde expresar el malestar no tenga consecuencias negativas.

Promover el bienestar psicológico no significa eliminar la exigencia, sino hacerla sostenible y humana. Las organizaciones que comprenden esto construyen relaciones laborales más sanas y, al mismo tiempo, mejores resultados.

Si bien las empresas tienen una enorme responsabilidad, también es importante reconocer el papel activo de cada trabajador en el cuidado de su salud mental. Aprender a poner límites, pedir ayuda, reconocer señales de desgaste y cuestionar la normalización del sufrimiento laboral son actos de autocuidado y, en muchos casos, de valentía.

Hablar de salud mental en el trabajo no es debilidad; es conciencia.

México se encuentra en un momento clave para replantear su relación con el trabajo. Las nuevas generaciones ya no están dispuestas a sacrificar su salud emocional por un salario, y las empresas que no comprendan este cambio quedarán rezagadas.

El bienestar psicológico no es un beneficio adicional; es la base sobre la cual se construyen organizaciones productivas, éticas y sostenibles. Como psicóloga, pero también como mexicana, estoy convencida de que cuidar la mente de quienes trabajan es cuidar el futuro del país.

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