Potencial Humano

Mario Domínguez: velocidad, experiencia y el reto de seguir adelante

Hoy, Mario Domínguez combina su faceta como piloto con la de coach y formador de nuevas generaciones.

Más de cuatro décadas dentro del automovilismo le han enseñado que el talento abre puertas, pero son la disciplina, la perseverancia y la capacidad de levantarse después de una derrota las que permiten mantenerse en la cima. Hoy, Mario Domínguez combina su faceta como piloto con la de coach y formador de nuevas generaciones. En esta conversación, nos habla de sus primeros pasos, de la presión de competir, de los momentos que pusieron a prueba su carrera y de la responsabilidad de representar a México en los grandes escenarios internacionales. Bienvenido Mario.

Muchas gracias por la presentación, a sus órdenes.

Mario, comenzaste en el karting cuando eras muy joven. ¿Qué soñaba aquel niño de 10 años y qué tanto se parece al Mario que conocemos hoy?

Cuando empecé a correr, mi primera experiencia en un go-kart fue muy especial. Le rogué a mi papá durante más de tres años que me comprara uno. Finalmente aceptó llevarme a una pista en Cuernavaca y ahí probé un kart de competencia para niños. Yo tenía 10 años.

La experiencia fue algo surreal. A la cuarta curva —lo recuerdo como si fuera ayer— pensé: “Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”. Sentí un enorme placer y una emoción tan grande al manejar ese coche que decidí que quería correr autos toda mi vida.

Ahí comenzó la lucha para poder hacerlo, porque correr profesionalmente es una carrera muy difícil. Requiere que muchas personas confíen en ti, apoyo, talento, disciplina y muchas otras cosas para conseguirlo. Pero desde el principio tuve claro mi objetivo: quería correr autos el resto de mi vida.

Siempre tuve también la meta de llegar a las categorías máximas, como Fórmula 1 o IndyCar, ganar y poner el nombre de México en alto. Esa sensación que tuve de niño sigue presente. Cada vez que me subo a un auto de carreras, incluso a un go-kart, siento lo mismo. Para mí, correr un auto de carreras sigue siendo una de las sensaciones más maravillosas que existen.

Después de tantos años y de haber competido en diferentes categorías y generaciones de autos, ¿qué ha sido lo más importante que has aprendido durante este camino?

Muchas cosas, pero creo que la más importante es nunca darse por vencido. En una carrera siempre hay desilusiones, problemas y momentos en los que te topas con una pared una y otra vez. Yo aprendí a no rendirme y eso también me ha servido en otros proyectos y etapas de mi vida que no tienen necesariamente que ver con los autos.

Hay que seguir luchando por un sueño y continuar trabajando. A veces parece imposible, o casi imposible, pero cuando no te das por vencido se pueden lograr muchas cosas.

En una carrera, un error puede cambiarlo todo en cuestión de segundos. ¿Cómo aprendiste a manejar la presión y tomar decisiones cuando no tienes tiempo para dudar?

Los errores en las carreras pueden suceder en una milésima de segundo. Una pequeña distracción puede cambiarlo todo. Desafortunadamente, los errores existen y siguen siendo parte del desafío de cualquier piloto. Incluso el mejor piloto del mundo puede equivocarse.

Por eso tienes que trabajar mucho en la disciplina mental y en la concentración. Si estás en una carrera y cometes un pequeño error, pueden pasar varias cosas: te pueden rebasar, puedes chocar o puedes perder la carrera. Un pequeño error puede costarte muchísimo.

El automovilismo es muy exigente porque la concentración tiene que ser absoluta. En una carrera de IndyCar, por ejemplo, puedes estar dos horas sin perder la concentración ni dos décimas de segundo.

En otros deportes existen momentos de descanso. En el tenis tienes un espacio entre punto y punto; en el futbol no tienes la pelota todo el tiempo. En el automovilismo, en cambio, la exigencia es constante. Por eso siempre digo que el piloto ganador es el que menos errores comete.

¿Qué pasa por tu cabeza durante esas dos horas?

En realidad, no tienes tiempo de pensar demasiado. La concentración es absoluta y muchas cosas las haces por instinto. No vas pensando cada movimiento porque no hay tiempo para hacerlo.

Además, tienes comunicación permanente con el equipo. Te están dando información sobre el auto, el consumo de gasolina, la distancia con el piloto que tienes adelante y con el que viene detrás, cuándo entrar a pits, cómo están las llantas y muchos otros datos. Todo eso sucede mientras tienes que mantener una concentración absoluta. Cualquier error puede costar muy caro.

Has vivido grandes triunfos, pero también momentos difíciles. ¿Cuál ha sido el reto que más te ha hecho crecer como piloto y como persona?

A lo largo de mi carrera ha habido momentos difíciles todo el tiempo. Creo que cualquier persona exitosa tiene que atravesar situaciones así.

Uno de los momentos más complicados fue cuando tuve que dejar de correr prácticamente durante un año porque no conseguí los apoyos y patrocinios necesarios para continuar. No había manera de correr, así que tuve que buscar nuevas oportunidades.

En ese momento yo ya había sido campeón de Estados Unidos y había alcanzado un nivel muy importante apenas a los 18 años. Después de haber conseguido cosas importantes, fue una desilusión tremenda darte cuenta de que eso no necesariamente era suficiente para conseguir el apoyo de patrocinadores, empresas o equipos. Pero en lugar de decir “ya no puedo correr”, retirarme y hacer otra cosa, seguí trabajando y luchando por mi objetivo.

A lo largo de mi carrera conocí a muchos pilotos con muchísimo talento que, ante situaciones así, se dieron por vencidos y dejaron de avanzar.

Esa perseverancia me la enseñó mi papá con una frase que siempre recuerdo: “Perseverar alcanza”. Creo que esa forma de pensar fue la que me llevó a llegar a las grandes ligas del automovilismo mundial.

Desde afuera, la gente ve esas dos horas de carrera, pero detrás existe una preparación enorme. ¿Qué tanto trabajo hay antes de llegar a ese momento?

La gente solamente ve esas dos horas y no sabe todo lo que hubo detrás para que el piloto pudiera llegar a competir. La preparación es física y mental, y no consiste en prepararte una semana antes. Es una preparación constante durante todo el tiempo.

Y hay algo todavía más importante: el trabajo del equipo. La gente ve al piloto durante dos horas en el auto, pero detrás existe un equipo que trabajó durante meses en el taller preparando ese coche. Los grandes héroes ocultos son los mecánicos y los preparadores. Ellos hacen posible que los autos lleguen a un circuito en las condiciones necesarias para que el piloto pueda triunfar.

Has competido internacionalmente. ¿Qué ha significado para ti representar a México en escenarios internacionales, especialmente en una época en la que todavía eran pocos los pilotos mexicanos que competían fuera del país?

Siempre ha sido muy difícil que los pilotos mexicanos puedan salir e internacionalizarse. En aquella época eran menos. Cuando llegó Adrián Fernández a la serie Champ Car, comenzó a abrir las puertas para los mexicanos. Después llegó Michel Jourdain y la categoría se hizo muy popular en México.

Incluso hubo dos carreras internacionales en nuestro país. Una fue el Gran Premio del Parque Fundidora, en Monterrey, que era una locura. Las curvas estaban llenas y prácticamente no había hoteles disponibles a cientos de kilómetros.

Después estuvo el Gran Premio de México de aquella época, entre 2002 y 2007, cuando todavía no era una carrera de Fórmula 1, sino de esa categoría. Llegaban cientos de miles de aficionados y era algo espectacular. La categoría se volvió muy popular precisamente porque había mexicanos compitiendo y triunfando.

¿Qué sentimiento te produce poner el nombre de México en alto?

Es de las cosas más bonitas que existen. Tuve la fortuna de ganar carreras en Australia y Miami, además de conseguir grandes podios en Alemania, Inglaterra y otros lugares. Poder darles esa satisfacción a los mexicanos es increíble.

Como mexicano, siento que muchas veces nos cuesta más trabajo lograr las cosas. Por eso, conseguir un resultado internacional y poder dárselo a México es maravilloso.

Uno de los momentos más especiales fue el podio que obtuve en el Gran Premio de México en 2003. Fue algo espectacular. Había una cantidad enorme de aficionados y la emoción de la gente fue impresionante. Incluso llevaron mi coche al Ángel de la Independencia, donde alrededor de 15 mil personas acudieron a verme y participé en una exhibición. Fue una experiencia inolvidable.

Competir en tu propio país también implica una presión diferente: todos esperan más de ti. ¿Cómo conviertes esa presión en motivación?

La presión es muy grande, especialmente cuando estás en las grandes ligas. La tienes por parte de los patrocinadores, del equipo y de todo el entorno. Cuando llegas a correr a tu país es todavía mayor porque todo el mundo tiene los ojos puestos en ti. Estás en México, los patrocinadores y el equipo quieren que te vaya bien y todo eso genera una presión tremenda.

¿Cómo aprendí a manejarla? Concentrándome en lo que estoy haciendo en ese momento y evitando pensar en otras cosas. Una semana antes de una carrera podía tener muchos compromisos con patrocinadores y marcas. En lugar de pensar que eso me estaba distrayendo, aprendí a concentrarme en cada actividad.

Si estaba con un patrocinador, me concentraba en ese compromiso. Después iba con los ingenieros y me concentraba en lo que tenía que hacer con ellos. Y así, punto por punto. Concentrarme en el momento exacto en el que estaba me ayudó a reducir la presión y a llegar menos nervioso a las competencias.

Hoy compartes pista con pilotos de diferentes generaciones. ¿Qué haces para mantenerte física y mentalmente competitivo?

Es algo muy bonito porque corro contra pilotos de diferentes generaciones: jóvenes muy talentosos que tienen un gran futuro y a quienes todavía les puedo ganar. Para prepararme tengo que estar constantemente en el gimnasio y trabajar también con psicología deportiva. A lo largo de los años he aprendido ejercicios de concentración y técnicas para mantenerme enfocado.

También hago mucha preparación física y entreno constantemente en go-karts. La gente suele imaginar un go-kart como el que encuentras en una feria, pero los karts de competencia son completamente diferentes. Te dan mucha condición física, reflejos y capacidad de manejo. La relación peso-potencia de un go-kart es muy similar a la de un Fórmula 1 o un IndyCar. Muchos pilotos de Fórmula 1 e IndyCar siguen entrenando en karts.

Por eso continúo entrenando ahí y también llevo a los pilotos a los que ahora soy coach y manager. Es una de las mejores formas de mantener las bases y estar al cien por ciento cuando vuelves a un auto de carreras.

Después de tantos años de competencia, ¿qué sigue despertando en ti esas ganas de acelerar y competir?

Primero, las ganas de ganar. Ganar es un sentimiento maravilloso y se vuelve una adicción. Cuando ganas y sientes ese sabor de la victoria, quieres volver a sentirlo. Entonces necesitas más y eso hace que trabajes y te esfuerces más para seguir ganando. Claro que es difícil, pero gran parte del trabajo se hace fuera de la pista para poder llegar a ese momento.

Más allá del talento, ¿qué consideras indispensable para mantenerse vigente?

Disciplina, pasión y perseverancia. Necesitas tener pasión por lo que haces. Esa pasión es la que te da motivación y te ayuda a alcanzar el mejor rendimiento posible. Y también necesitas perseverancia. Hay que trabajar muy duro para lograrlo.

Si tuvieras que elegir una carrera, un momento o una experiencia que haya definido tu trayectoria, ¿cuál sería?

Creo que uno de los momentos más bonitos fue cuando subí al podio en el Autódromo Hermanos Rodríguez. A pesar de que no gané, fue una experiencia increíble porque puse el nombre de México en alto, en México, y ante una cantidad enorme de aficionados.

La gente se emocionó muchísimo. Como te contaba, llevaron mi auto al Ángel de la Independencia y después de la exhibición la gente se acercó de una manera impresionante. Estuvimos durante más de cuatro horas firmando autógrafos. Esa carrera fue una de las más bonitas e importantes de mi vida.

Por supuesto, también están otros triunfos: cuando fui campeón de Fórmula 3 en México, cuando gané mi primera carrera en un óvalo en Indy Lights, mis triunfos en IndyCar en Australia y Miami, además del podio en Monterrey, en el Parque Fundidora. Son experiencias que siempre voy a llevar conmigo.

Si pudieras sentarte unos minutos con aquel Mario de 10 u 11 años que comenzaba en el karting, ¿qué le dirías?

Le diría miles de cosas. No pararía de hablar con él. Hoy hago algo parecido porque me he convertido en coach de pilotos, entre ellos Fernando Rivera. Para mí es maravilloso poder enseñarle a un piloto joven y transmitirle mi experiencia. También busco evitar que cometan los errores que yo cometí.

Yo no tuve a alguien que me llevara de la mano. Aprendí sobre la marcha, a base de prueba y error. Por eso, al Mario pequeño le habría dado muchos consejos para que no cometiera algunos de los errores que tuve dentro y fuera de la pista.

Con la experiencia que tengo hoy podría ayudarlo a desarrollarse mucho más rápido y evitarle algunas de las desilusiones que yo viví. Me habría encantado tener un maestro con esa experiencia que me llevara de la mano.

Después de casi cuatro décadas de experiencia, ¿qué mensaje le darías a alguien que hoy está luchando por alcanzar sus sueños, independientemente de la industria?

A mis alumnos siempre les digo que no se den por vencidos. Tienen que seguir luchando y seguir trabajando. Siempre habrá desilusiones. Para mí, la clave de haber logrado el éxito fue jamás haberme dado por vencido.

Hay que perseverar y luchar por alcanzar un objetivo. Y durante ese camino muchas veces aprendes más de las derrotas que de las victorias. De hecho, creo que aprendes más de las derrotas. Por eso les diría dos cosas: aprendan de sus derrotas y no se den por vencidos jamás. Eso funciona en cualquier industria: para un empresario, un futbolista, un arquitecto o cualquier persona que tenga un sueño.

Estamos en octubre de 2026. ¿Qué viene para Mario? ¿Dónde vamos a verte próximamente?

Ahora estoy muy enfocado en mis pilotos, Fernando Rivera y Alejandro. Viene el Gran Premio de México y van a competir ahí en Fórmula 4. Mi intención es que los dos estén adelante y peleando por los primeros lugares. También viene el cierre de temporada de Fórmula 4 en Estados Unidos con Fernando Rivera y el cierre de temporada de Fórmula 3 en Estados Unidos con Alejandro. Para mí es muy importante que les vaya bien y estoy muy enfocado en ellos.

Yo espero también poder estar corriendo en el Gran Premio de México, como categoría de soporte de la Fórmula 1, en la Supercopa Gran Turismo México, que es la categoría más rápida de México. Además de ser su coach, corro y soy comentarista de Fórmula 1 para Grupo Televisa, así que es un fin de semana muy complicado: estoy como coach, piloto y comentarista.

¿Cuál es la diferencia entre competir y ahora enseñar? ¿Cómo vives el hecho de ser entrenador y, al mismo tiempo, seguir siendo piloto?

Enseñar es muy bonito y muy gratificante. Incluso diría que me pongo más nervioso cuando corren mis alumnos que cuando corro yo, porque tengo muchas ganas de que les vaya bien. Hemos trabajado muchas cosas para alcanzar determinados objetivos y eso hace que los nervios sean grandes.

Cuando ellos triunfan y tienen un buen resultado, la satisfacción es igual que cuando yo triunfo. Pasar mis conocimientos a las nuevas generaciones es algo maravilloso. Nunca pensé que disfrutaría tanto ser maestro, pero realmente lo disfruto. Eso también hace que me involucre mucho más en los proyectos de los pilotos y que quiera que tengan éxito. Me encanta cuando les va bien. Para mí es una gran oportunidad poder enseñarles todo lo que he aprendido y, sobre todo, ahorrarles algunas etapas y problemas que yo tuve que vivir durante mi carrera.

Mario, muchas gracias por compartir con Potencial Humano esta historia de más de cuatro décadas. Hoy queda claro que detrás de un piloto hay mucho más que velocidad: hay disciplina, preparación, derrotas, equipo y, sobre todo, perseverancia.

Gracias a ustedes. Les mando un fuerte abrazo a todos mis amigos de Potencial Humano. Nuevamente, es un orgullo estar aquí con ustedes. Muchas gracias.

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