La participación femenina como eje estratégico del desarrollo empresarial mexicano en el siglo XXI
Artículo por Raúl Zárate Torres
Cada mes de marzo, el Día Internacional de la Mujer invita a detenernos, reflexionar y evaluar el lugar que ocupan las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad. En el entorno empresarial mexicano, esta fecha adquiere un significado particular: es un recordatorio de los avances logrados, pero también de los rezagos persistentes que siguen condicionando el pleno desarrollo del talento femenino. Desde la óptica del talento humano, hablar de la mujer en la empresa ya no puede limitarse a discursos de inclusión simbólica; debe abordarse como un tema estratégico, medible y profundamente vinculado al crecimiento económico del país.

La participación laboral femenina: avances visibles, brechas persistentes
En México, la incorporación de las mujeres al mercado laboral ha mostrado un crecimiento sostenido durante las últimas décadas. Actualmente, las mujeres representan poco más del 40 % de la población económicamente activa, una cifra que refleja su peso real en la estructura productiva nacional. Sin embargo, esta participación aún se mantiene por debajo de la masculina y muy lejos de los estándares de paridad observados en economías más avanzadas.
Más allá de la cantidad, la calidad del empleo es otro factor crítico. Una proporción significativa de mujeres se concentra en sectores de menor remuneración, alta informalidad o con escasas oportunidades de desarrollo profesional. La brecha salarial de género, que persiste incluso en empleos formales y con niveles educativos similares, no solo limita los ingresos de las mujeres, sino que impacta directamente en su autonomía económica y en su capacidad de incidir en decisiones estratégicas dentro y fuera de las organizaciones.
Desde la perspectiva empresarial, estas desigualdades no son neutras: reducen el aprovechamiento del talento disponible, elevan la rotación y limitan la diversidad de enfoques en la toma de decisiones. En un contexto económico cada vez más complejo y competitivo, ignorar este potencial representa un costo silencioso para las organizaciones.
“La participación de las mujeres en la vida empresarial mexicana ya no es un tema aspiracional, sino una condición indispensable para la competitividad del país”

Mujeres en posiciones de liderazgo: el techo de cristal sigue presente
Uno de los indicadores más reveladores de la desigualdad estructural en la empresa mexicana es la baja presencia de mujeres en los niveles más altos de liderazgo. Los consejos de administración y los comités ejecutivos continúan siendo espacios predominantemente masculinos. Diversos estudios señalan que solo alrededor del 14 % de los asientos en consejos empresariales están ocupados por mujeres, y la proporción disminuye aún más cuando se analizan cargos como direcciones generales o posiciones C-Suite.
Este fenómeno no responde a una falta de preparación o experiencia. Por el contrario, las mujeres mexicanas cuentan con niveles educativos cada vez más altos y una participación creciente en áreas estratégicas como finanzas, derecho corporativo, recursos humanos, innovación y sostenibilidad. El problema radica en barreras culturales, sesgos inconscientes y estructuras organizacionales que dificultan el acceso a posiciones de poder.
Desde el enfoque de talento humano, resulta evidente que las empresas que no revisan sus procesos de promoción, evaluación y sucesión están perdiendo oportunidades clave. La diversidad en la alta dirección no solo mejora el clima organizacional, sino que se ha vinculado con mejores resultados financieros, mayor innovación y una gestión de riesgos más robusta.
“A pesar de los avances, la brecha de género en liderazgo corporativo y toma de decisiones sigue siendo uno de los grandes pendientes del entorno empresarial”

Emprendimiento femenino: resiliencia, innovación y obstáculos estructurales
Ante las limitaciones del mundo corporativo tradicional, muchas mujeres han optado por el emprendimiento como vía de desarrollo profesional y autonomía económica. En México, una de cada cinco empresas es fundada por mujeres, y un porcentaje aún mayor cuenta con al menos una mujer entre sus cofundadoras. Este fenómeno ha impulsado la creación de negocios en sectores como servicios, comercio, educación, salud y economía creativa.
Sin embargo, el emprendimiento femenino enfrenta desafíos específicos. El acceso al financiamiento sigue siendo uno de los principales obstáculos: las mujeres tienen menor presencia en el sistema financiero formal y mayores dificultades para obtener créditos, inversión o capital de crecimiento. A esto se suma una menor integración en redes empresariales tradicionales, que suelen ser clave para escalar proyectos y acceder a nuevos mercados.
Desde una visión sistémica, apoyar el emprendimiento femenino no implica solo otorgar recursos económicos, sino generar ecosistemas de acompañamiento, mentoría y capacitación que permitan transformar negocios de subsistencia en empresas sostenibles y generadoras de empleo.
“El emprendimiento femenino emerge como un motor económico subestimado, limitado principalmente por el acceso desigual al financiamiento”

El impacto económico de cerrar la brecha de género
La discusión sobre la mujer en la empresa no puede desvincularse del impacto macroeconómico. Organismos internacionales han demostrado que cerrar la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres podría incrementar de manera significativa el PIB de México. La inclusión económica de las mujeres no es, por tanto, un tema accesorio, sino una palanca directa de crecimiento.
Las empresas que integran políticas de igualdad salarial, conciliación laboral, liderazgo femenino y desarrollo profesional muestran ventajas competitivas claras: mayor retención de talento, mejor reputación corporativa y mayor capacidad de adaptación al cambio. En un mercado global donde los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) adquieren cada vez más peso, la equidad de género se convierte también en un factor de atracción de inversión.
El papel de las organizaciones y la conmemoración del 8 de marzo
El Día Internacional de la Mujer no debe entenderse únicamente como una fecha conmemorativa, sino como un punto de inflexión para evaluar compromisos reales. Para las empresas mexicanas, esto implica pasar del discurso a la acción: establecer indicadores claros, políticas de desarrollo de talento femenino, programas de mentoría y mecanismos de rendición de cuentas.
La transformación cultural que requiere la igualdad de género no es inmediata, pero sí posible. Cada avance —una mujer que accede a un consejo de administración, una emprendedora que consolida su empresa, una política interna que reduce brechas— contribuye a construir un entorno empresarial más justo, competitivo y sostenible.
“Invertir en igualdad de género no es solo un acto de justicia social: es una estrategia de crecimiento, innovación y sostenibilidad empresarial”

Conclusión
La figura de la mujer en la vida empresarial de México es hoy más visible, influyente y estratégica que nunca. No obstante, los datos muestran que la igualdad aún está lejos de consolidarse. El reto para los próximos años no será solo aumentar la participación femenina, sino garantizar que esta participación se traduzca en liderazgo, toma de decisiones y generación de valor. Apostar por el talento femenino no es una concesión: es una decisión inteligente para el futuro de las empresas y del país.
Hablar de la mujer en la vida empresarial de México, particularmente en el marco del mes de marzo, no es un ejercicio de coyuntura ni una concesión discursiva. Es, en realidad, una conversación impostergable sobre el tipo de país y de empresas que aspiramos a construir. Las cifras son claras: cuando el talento femenino es relegado, la economía se ralentiza; cuando se integra de forma plena, el desarrollo se acelera.
La igualdad de género en la empresa no se alcanza con declaraciones, sino con decisiones: a quién se promueve, a quién se escucha, a quién se sienta en la mesa donde se define el rumbo. En ese sentido, el verdadero reto para el liderazgo empresarial mexicano no es reconocer la importancia de las mujeres —esa discusión está saldada—, sino transformar estructuras, culturas y prácticas que todavía limitan su impacto.
Creo que el futuro del trabajo, del liderazgo y de la competitividad pasa necesariamente por organizaciones más diversas, más conscientes y más humanas. Apostar por el talento femenino no es una tendencia ni una obligación moral: es una estrategia inteligente de negocio y un compromiso con el desarrollo sostenible de México.
Que este mes de marzo no sea solo una conmemoración, sino un punto de inflexión. Porque cuando las mujeres avanzan en la empresa, avanzan también las organizaciones, la economía y la sociedad en su conjunto.
Bibliografía / Fuentes consultadas
Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Mujeres en las empresas 2024.
Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León (CAINTRA). Participación de las mujeres en el mercado laboral.
International Finance Corporation (IFC). Mexico2Equal: Closing Gender Gaps.
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Gender Equality and Economic Participation in Mexico.
ONU Mujeres. Avances y retos de la igualdad de género en México.
Global Woman Leader. Women on Boards in Mexico Report.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Indicadores de ocupación y empleo con perspectiva de género.


