Por el Dr. Jorge Navarro Lucio
Hay amistades que nacen alrededor de una mesa; otras, durante los años escolares. Algunas, como las que tuve con Raúl Ruiz Gómez y Mauro Jiménez Lazcano, surgieron frente a un micrófono y entre páginas impresas. Con ambos compartí la pasión por el periodismo, el análisis de los acontecimientos nacionales e internacionales y el privilegio —a veces doloroso— de ser testigos de la historia.
Su reciente fallecimiento deja un profundo vacío en el periodismo y la comunicación en México. Para mí, la pérdida también es íntima. No sólo despedí a dos destacados profesionales, sino a dos amigos entrañables con quienes compartí muchos años de colaboración, conversaciones, proyectos y momentos que conservaré siempre en la memoria.

Raúl Ruiz Gómez: amistad, radio y vocación universitaria
Con Raúl Ruiz Gómez compartí los micrófonos del programa radiofónico Vector 1240. Ahí analizábamos los hechos que marcaban la vida pública y procurábamos ofrecer a la audiencia una mirada crítica y responsable sobre lo que ocurría en México y el resto del mundo.
Uno de los episodios más intensos que vivimos juntos ocurrió el 11 de septiembre de 2001. Desde la cabina narramos, paso a paso y en vivo, la tragedia de los atentados terroristas en Estados Unidos. Las noticias llegaban a una velocidad desconcertante. Las imágenes eran difíciles de comprender y aún más difíciles de explicar.
Aquel día asumimos la responsabilidad de informar mientras el mundo intentaba entender lo que estaba ocurriendo. No había distancia posible frente a los acontecimientos: la historia se desarrollaba ante nosotros, minuto a minuto. Compartir esa transmisión con Raúl fue una experiencia profesional y humana que jamás olvidaré.
Nuestra colaboración se extendió más allá de la radio. Participé con columnas de análisis y opinión en varias de sus publicaciones, espacios que reflejaban su compromiso con el debate público y la pluralidad de ideas. Raúl entendía el periodismo como una responsabilidad social, no sólo como una profesión.
También tuve el honor de ser invitado a su cátedra en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde expuse las nuevas tendencias globales del siglo XXI. Aquella invitación revelaba otra faceta esencial de Raúl: su vocación universitaria y su interés por acercar a los estudiantes a las discusiones que ya estaban transformando la política, la economía, la comunicación y las relaciones internacionales.
Raúl sabía que el periodismo y la enseñanza podían enriquecerse mutuamente. El aula permitía pensar con mayor profundidad aquello que la radio y la prensa debían explicar con claridad e inmediatez. En ambos espacios mantuvo la curiosidad intelectual, la generosidad y el sentido crítico que lo distinguieron.
Se extrañará profundamente a este entrañable amigo y colaborador. Quedan su voz, su trabajo y la huella que dejó entre colegas, estudiantes, lectores y radioescuchas.

Mauro Jiménez Lazcano: periodismo, diplomacia y vida pública
Con Mauro Jiménez Lazcano mantuve una amistad de muchos años, nacida del respeto profesional y fortalecida por incontables experiencias compartidas.
Mauro participaba semanalmente con un comentario en mi programa radiofónico Factor 1240. Sus intervenciones aportaban conocimiento, experiencia y una lectura propia de la realidad nacional. Sabía identificar los asuntos relevantes y plantearlos de una manera que invitaba a la reflexión.
También colaboré directamente en dos de sus publicaciones: primero en Económica y después en Macroeconomía, donde me desempeñé como director de Asuntos Diplomáticos. Aquella etapa me permitió acompañar un proyecto periodístico dedicado a comprender la relación entre la economía, la política y los asuntos internacionales.
Mauro tenía una visión amplia del ejercicio periodístico. Comprendía que los procesos nacionales no podían analizarse de forma aislada, pues México formaba parte de una red cada vez más estrecha de vínculos políticos, económicos y diplomáticos. En sus publicaciones abrió espacios para estudiar esas conexiones y acercarlas a los lectores.
Nuestra relación no se limitó al trabajo editorial o radiofónico. Lo acompañé en acontecimientos centrales de la vida política nacional e internacional. Juntos presenciamos encuentros, conversaciones y episodios que enriquecieron nuestra comprensión de la realidad contemporánea.
Esas experiencias me permitieron conocer no sólo al periodista y comunicador, sino también al ser humano. Detrás de su actividad pública había un amigo cercano, atento y generoso. Con Mauro podía hablar de los grandes asuntos del país y, al mismo tiempo, disfrutar esos momentos sencillos que dan sentido a una amistad verdadera.

Testigos de nuestro tiempo
Raúl Ruiz Gómez y Mauro Jiménez Lazcano ejercieron el periodismo desde espacios distintos, pero compartieron una convicción: los acontecimientos deben narrarse, analizarse y discutirse con seriedad.
En una época marcada por cambios políticos, crisis económicas, transformaciones tecnológicas y conflictos internacionales, ambos ayudaron a interpretar hechos que, con frecuencia, parecían avanzar más rápido que nuestra capacidad para comprenderlos.
Con ellos compartí micrófonos, páginas, aulas, encuentros y largas conversaciones. Fuimos testigos de momentos decisivos para México y el mundo. Algunas veces nos correspondió explicarlos mientras sucedían; otras, analizarlos con la perspectiva que concede el tiempo.
Hoy comprendo que el mayor valor de aquellas experiencias no se encuentra únicamente en los programas transmitidos, las columnas publicadas o los actos públicos a los que asistimos. También reside en la confianza que construimos, en las conversaciones entre amigos y en la certeza de que el periodismo puede crear lazos capaces de sobrevivir al paso de los años.
Expreso mi más sincero agradecimiento a Raúl Ruiz Gómez y Mauro Jiménez Lazcano por su amistad, su colaboración y la cercanía que me brindaron. Me siento profundamente orgulloso de haberlos conocido y de haber compartido con ellos tantos años de trabajo, aprendizaje y gratos momentos.
Ambos dejan una obra periodística que merece ser recordada. En lo personal, dejan recuerdos que conservaré con gratitud y afecto.
Se han apagado dos voces importantes del periodismo mexicano, pero lo que dijeron, escribieron y enseñaron permanece. También permanece la amistad. Y mientras exista la memoria, Raúl y Mauro seguirán acompañándonos en cada conversación sobre la historia que tuvimos la fortuna de presenciar juntos.



