Colaboración por: Cuadrante Communications & Social
La industria de productos de consumo aporta 4.2% del PIB y genera más de 3 millones de empleos entre directos e indirectos. Detrás de estos números existe una cadena de personas, conocimientos y nuevas capacidades que está transformando la manera de producir, distribuir e innovar en México.
Cuando una persona elige un producto en el supermercado, recibe un pedido en casa o encuentra una marca en una tienda de su comunidad, difícilmente piensa en todo lo que ocurrió antes de que ese producto llegara a sus manos. Detrás de cada decisión de consumo existe una cadena que conecta proveedores, productores, especialistas, operadores logísticos, comerciantes, desarrolladores de tecnología y miles de colaboradores.

En México, esa cadena tiene una dimensión considerable. Las 40 empresas asociadas al Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (CONMÉXICO) generan más de 500 mil empleos directos y 2.5 millones indirectos, y sus productos llegan a prácticamente 100% de los hogares mexicanos, con presencia en más de un millón de puntos de venta y en las 32 entidades del país.
En conjunto, esta industria representa alrededor de 4.2% del Producto Interno Bruto (PIB), pero detrás de esta cifra hay algo menos visible y cada vez más importante: el talento que permite que las empresas evolucionen al ritmo de un mercado que cambia constantemente.
“La industria de productos de consumo está profundamente vinculada con la vida cotidiana de los mexicanos y con el desarrollo del país. En el marco del 30 aniversario de CONMÉXICO, nuestro compromiso es seguir impulsando una industria competitiva, innovadora y sostenible, capaz de invertir, generar oportunidades y responder a las necesidades de los consumidores en un entorno que cambia todos los días, con la mirada puesta en el futuro y reconociendo el camino recorrido”, señaló Claudia Jañez, presidenta ejecutiva del Consejo.

Un mercado que también está transformando el trabajo
Los consumidores han cambiado y, con ellos, las capacidades que necesitan las empresas. Las decisiones de compra ya no dependen únicamente del precio. La relación entre precio y valor, la conveniencia, accesibilidad, calidad, bienestar, innovación y sostenibilidad forman parte de expectativas cada vez más diversas.
Responder a ellas implica transformar productos y procesos, pero también desarrollar nuevas competencias dentro de las organizaciones.
La tecnología es uno de los principales motores de esta transformación. Su incorporación en procesos productivos, logística, distribución, análisis de información y desarrollo de productos está modificando la manera en que las empresas trabajan y toman decisiones.
Esto genera nuevas oportunidades, pero también plantea un reto para las organizaciones, y es, contar con personas capaces de aprender, adaptarse y combinar conocimientos técnicos con habilidades que permitan responder a escenarios cada vez más complejos.
La transformación digital, por ejemplo, no elimina la importancia del talento; cambia las capacidades que se requieren. El análisis de datos, la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas herramientas digitales necesitan integrarse con experiencia, pensamiento crítico, creatividad, liderazgo y capacidad para colaborar.
Para una industria con cadenas de valor tan amplias, el reto también implica desarrollar talento más allá de las grandes empresas. Proveedores, pequeñas y medianas empresas, operadores logísticos y otros actores forman parte de un mismo ecosistema y necesitan fortalecer sus capacidades para responder a las nuevas exigencias del mercado.

Invertir también significa desarrollar personas
Las inversiones que realizan las empresas de consumo no se limitan a plantas, centros de distribución, tecnología o nuevos productos. Cada ampliación de capacidades requiere personas que puedan operar, mantener, innovar y transformar esos nuevos recursos.
Las empresas asociadas a CONMÉXICO han mantenido inversiones de largo plazo para modernizar operaciones, incorporar tecnología, desarrollar productos, fortalecer infraestructura logística y avanzar en sostenibilidad, talento y desarrollo de proveedores.
En este contexto, invertir en las personas se convierte en una condición para que las inversiones físicas y tecnológicas generen todo su potencial.
30 años de evolución y aprendizaje
Esta transformación tiene una historia de tres décadas. En 1996, diez empresas decidieron sumar capacidades y construir una voz común para la industria de productos de consumo en México. Así nació CONMÉXICO, con el propósito de impulsar el desarrollo sostenible a través de sus marcas y fortalecer el diálogo entre empresas, autoridades, organismos empresariales, academia y sociedad.
Desde entonces, la industria ha evolucionado al mismo tiempo que el país y sus consumidores. Lo que hace 30 años requería determinadas capacidades hoy demanda mayor conocimiento tecnológico, nuevas formas de colaboración, capacidad de análisis y una visión más integral sobre sostenibilidad, innovación y bienestar.
El aprendizaje de estas tres décadas también muestra que la transformación de una industria no ocurre únicamente a partir de nuevas tecnologías o inversiones, ocurre cuando las personas desarrollan las capacidades necesarias para aprovecharlas.
Por ello, el desarrollo de talento se vuelve una pieza fundamental para la competitividad. Las organizaciones necesitan crear espacios de aprendizaje continuo, facilitar la actualización de conocimientos y preparar a sus equipos para convivir con tecnologías que seguirán transformando sus actividades.

Las capacidades que vienen
De cara a los próximos cinco años, CONMÉXICO plantea una agenda en la que competitividad, innovación, sostenibilidad, comercio y cadenas de valor estarán acompañados por una conversación cada vez más relevante sobre talento y nuevas capacidades.
El reto será construir un ecosistema en el que empresas, instituciones educativas, especialistas, autoridades y sociedad puedan colaborar para anticipar las habilidades que necesitarán las industrias y generar oportunidades para desarrollarlas.
“El siguiente capítulo requiere mantener la capacidad de adaptarnos, pero también generar las condiciones para seguir invirtiendo. Queremos que la industria continúe siendo un motor de empleo, innovación y desarrollo de cadenas de valor, y que México siga siendo un lugar donde sea posible crecer, generar capacidades y construir valor de largo plazo”, agregó Jañez.
A 30 años de su creación, la historia de CONMÉXICO muestra la evolución de una industria que hoy tiene una presencia económica y social significativa. Porque detrás de las marcas que llegan a prácticamente todos los hogares mexicanos existe una fuerza laboral de millones de personas y una cadena de conocimiento que hace posible que la industria siga evolucionando.
El futuro del consumo también será, en buena medida, el futuro del talento que lo hace posible.

Artículo por. – Cuadrante Communications & Social
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